La revolución del arco llegó para quedarse

Las obligaciones y destrezas de los arqueros fueron modificándose con el correr de los años pero ningún cambio fue tan dramático para ellos y para el juego en general como la prohibición de tomar la pelota con las manos tras un pase voluntario de un compañero.

Es el puesto más ingrato, atrapante y angustiante del fútbol al que sólo acceden a jugar quienes tienen una actitud mental diferente a los futbolistas de campo por la cantidad de sinsabores que rodea a la vida del arquero además de las cualidades técnico-físicas que un arquero debe tener, ya lo dijo el gran Amadeo: arquero se nace, no se hace. Puede ser un superhéroe durante 89 minutos pero si en la última jugada por un error de cálculo, un mal pique o la avivada de un rival se equivoca tira su prestigio por la borda. ¿A qué se debe esta particular situación? Simplemente a que es el puesto más complejo del fútbol ya que su primera misión es evitar goles ajenos utilizando todos los recursos a su alcance (parece una obviedad pero no lo es) y luego de esa función primordial debe acoplarse al juego del equipo para ser siempre una alternativa de salida, casi un líbero con guantes y camiseta llamativa.

El prototipo de arquero con el que crecí no existe más desde que la FIFA en 1992, luego del espantoso mundial de Italia 90 en cuanto al juego, decidió suprimir el pase deliberado al propio guardavallas para que tome la bocha con la mano y haga tiempo y enfríe el partido por demás. Y ese simple cambio en las reglas trajo aparejadas otras modificaciones en el juego: los arqueros debieron preocuparse por tener cierta precisión a la hora de dar pases con el pie (la cantidad de errores que se vieron cuando se implementó la nueva reglamentación en nuestro país son incontables) ya que al principio rechazaban el balón lejos y se daba un espectáculo masivo de puestas en órbita hasta que vino Josep Guardiola y cambió todo.

Marc-André ter Stegen es el gran referente del arquero-líbero de nuestros tiempos. En el Barcelona toca la pelota más veces que Lionel Messi.

Este modo de jugar tuvo como a unos adelantados al inmenso Amadeo Carrizo, el padre del arquero moderno, durante los 50 y 60 y su escuela fue continuada por el inefable Hugo Orlando Gatti, más conocido como el Loco, en los 70 y 80 con una mezcla extrema de desfachatez e irresponsabilidad. El tipo era más un showman que un arquero. Los arqueros que atajaban a puro reflejo y potencia de piernas como el Pato Fillol hoy en día tendrían que hacer un esfuerzo descomunal para aprender a jugar con los pies

El inolvidable Barcelona del 2008 dirigido por Pep logró integrar a su arquero Víctor Valdés al resto del circuito de juego y allí se pulieron dos paradigmas: la presión alta (ya existía pero no estaba lo suficientemente desarrollada) para recuperar la pelota en campo ajeno y agarrar mal parado al equipo contrario y la salida limpia desde el fondo para la cual el arquero se transformó en una pieza vital por la cantidad de pases recibidos y realizados. Esto le agregó a todos los porteros un conocimiento táctico invalorable que llevó al puesto a otro nivel. Hoy en día un arquero, al tener la pelota en sus pies, decide por donde atacará su equipo o si su juego será para distraer al rival o para lograr que éste salga.

El gran beneficio de incorporar al arquero al juego fue que a la hora de manejar la pelota los equipos tienen un hombre más para jugar y no un mero bombero que apaga incendios cuando los compañeros apremiados por el rival le pasan la pelota para que la reviente a cualquier parte. Muchos equipos aprendieron a defenderse de esa manera, con un tiki tiki absolutamente intrascendente en el cual se pasan la pelota por un buen rato entre el arquero, los centrales y el volante más retrasado para consumir minutos. Si lo miramos bien es una evolución respecto a hace treinta años atrás cuando los rivales te molían a patadas.

Un arquero moderno no sólo debe evitar goles contrarios sino que además tiene que saber jugar con los pies y por ello es cada vez más se entrenan en este tipo de destrezas individuales. Marc-André ter Stegen dio 68 pases correctos durante el partido del Barcelona frente al Mallorca el pasado fin de semana, un solo pase mal jugado termina en ocasión de gol para el contrario. En nuestro país hay muchos buenos arqueros que además saben jugar muy bien con los pies pero que aún no logran repetir en la selección las grandes actuaciones que tienen en sus clubes.

Los expertos en fútbol (analistas, técnicos, colaboradores) están convencidos que el puesto seguirá evolucionando de tal manera que les permita a los arqueros del futuro ser casi un futbolista de campo (por los recursos técnicos) que además sabe atacar. Y hacia allí estamos yendo, directo y sin escalas.

Foto: gentileza River Plate

Gonzalo Ferrer

Periodista tucumano viviendo en Rosario. D10S, Ferrari, Queen, el Pato, el Matador y Su Majestad en el orden que quieras. Rock, mucho rock.

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