¡Así se juega!

Llanto, emoción, delirio, esas son las sensaciones que genera este equipo en el mundial que se está jugando en China y que sintieron todos al ver batallar a este equipo contra los gigantes serbios.
Argentina se enfrentó a Serbia por uno de los partidos de cuartos de final del Mundial 2019 en el estadio Dongguan Arena ubicado en la ciudad de Dongguan. En la previa se presagiaba un partido difícil por la mayor altura de los serbios y el rigor físico que saben imponer a lo largo del partido pero nuestra selección con un juego astuto, rápido, brillante (las asistencias de Campazzo son una obra de arte de Vincent Van Gogh, es tremendo lo que juega el base argentino, el equipo se mueve a su ritmo siempre), duro en defensa fue desarmando la estrategia serbia (los nuestros estuvieron solamente dos veces abajo en el marcador y eso fue corregido de inmediato por estos auténticos leones) como esos boxeadores que van noqueando de a poco hasta que en los últimos tres minutos del cuarto cuarto, los dirigidos por Aleksandar Djordjevic tiraron la toalla por la diferencia que estaba oscilando entre ocho y doce puntos abajos y que no pudieron remontar nunca. Cuando el partido estaba en un cono de sombras para los argentinos porque Serbia había ajustado la marca y se les cerró el aro, los serbios pasan al frente con un triple para dejar el marcador 71-70 a su favor y en las dos siguientes jugadas de ataque no pudieron penetrar la férrea defensa argentina hasta que éstos volvieron a pasar al frente y nunca más lo dejaron de hacer. Una muestra de personalidad y carácter gigantesca, siempre dominaron el partido psicológicamente sin dejar dudas de ningún tipo.
El marcador global fue de 97-87, ahora hay que esperar por Estados Unidos o Francia el viernes pero la mejor noticia es que el fuego sagrado de la Generación Dorada sigue intacto y de yapa se clasificaron a los Juegos  Olímpicos de Tokio 2020. Aplausos de pie para este equipo al cual ya no se le puede pedir nada más y que llegó hasta aquí por mérito propio.