Cuando la necesidad tiene cara de hereje…

Ayer todo el mundo se despertó en la húmeda y calurosa Rosario con una noticia que explotó cual bomba atómica en el mundo Central: era la inminente venta de Maximiliano Lovera al fútbol griego, más precisamente al Olympiakos, el club más importante de ese país. Los hinchas canallas no estaban felices precisamente y menos después de escuchar las palabras de su representante Jorge Balbis quien dijo por todas partes que Maxi no quería irse del club ya que prefería asentarse e irse más fogueado y que lo vendían por una cuestión de caja,  a lo cual agrego que no hay un peso (que alguien me lo explique por favor) para pagar los sueldos de los jugadores y con el anticipo de esta venta les liquidaron el mes de julio y los premios de la Copa Libertadores (la Conmebol le dio por adelantado al club de Arroyito tres millones de dólares que correspondían a la primera fase de la copa por los tres partidos de local) que adeudaban desde mayo de este año. Cuando nos ibamos enterando de los detalles de esta buena nueva, el player ya había sido despachado en un avión hacia Roma (12:40 salió el vuelo) para hacer escala y llegar a Atenas a tiempo para la revisión médica porque el libro de pases cierra esta noche (son seis horas más en las tierras de Homero) y los griegos ya habían depositado una seña para hacerse del futbolista. Esto es otro claro caso de una venta apurada y mal hecha que sólo daña al patrimonio del club. El total de la operación es tres millones trescientos mil euros en bruto por el ochenta por ciento del pase quedándole a Central unos dos millones ochocientos mil euros limpios más un bonus por objetivos de setecientos mil euros, el veinte por ciento restante del pase se divide en partes iguales entre el club vendedor y el jugador.
Este hecho trajo aparejada una pequeña crisis futbolística para Diego Cocca que amenazó con renunciar porque le vendieron un jugador en pleno torneo y que encima él consideraba muy necesario para la estructura del equipo y se tuvo que reunir con el presidente Rodolfo Di Pollina y  el vice Ricardo Carloni para aquietar las aguas y luego se generó un contrapunto ya que los directivos dijeron que Cocca nunca pensó en renunciar pero el mismo Diego dijo, un rato más tarde, que si lo pensó, esto parece una típica comedia de enredos italiana y no un club de fútbol serio.  Aparentemente esta historia no se cerrará acá porque siguen las declaraciones cruzadas y contradictorias. Por el bien de Rosario Central se tiene que calmar todo el mundo y los dirigentes hacer las cosas bien para ayudar a sacar el equipo adelante porque parece que se olvidaron del infierno que vivió su populosa hinchada hace diez años atrás.