¡El día que enmudeció La Ciudadela!

Hoy vamos a recordar el increíble clásico tucumano jugado en la cancha de San Martín hace casi veintiún años por el viejo Nacional B. Ese día ganó el decano por 3-2 con un gol de Mauro Amato a treinta segundos del final haciendo que la tribuna de la Bolivar se venga literalmente abajo…

Tuve la suerte de presenciar muchos y diferentes clásicos en vivo a lo largo de mi vida: River-Boca, Central-Ñuls, Talleres-Belgrano y San Martín-Atlético Tucumán. Puedo hacer un racconto sobre mis preferidos y este que te voy a contar hoy, y que viví como hincha, ocupa un lugar en el podio sin dudas.

San Miguel de Tucumán, domingo 19 de setiembre de 1999, 13 horas. No es un día cualquiera ya que se enfrentaban por la tarde cirujas y decanos así que sin almorzar nada partimos a la cancha de San Martín con mi inseparable primo-hermano de la vida el Berny, buscamos al accidentado Félix en su casa ya que estaba operado de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha, lo subimos a un taxi con las muletas (hay que estar loco para ir a un clásico así y encima a la popular pero la ocasión lo ameritaba…) y sumamos un par de secuaces más para recorrer la distancia que nos separaba del estadio.

Llegamos a la cancha con bastante anticipación para ubicarnos en la parte más alta de la popular de calle Bolívar ya que temíamos que Félix se pudiese lastimar la rodilla operada apenas diez días antes. Y nosotros habíamos ido a presenciar un partido de fútbol y por ello no queríamos complicaciones de ningún tipo y menos que tengan que ver con la salud de alguno de los integrantes de esa hermosa banda

El primer tiempo fue tan anodino como aburrido producto del calor reinante (el partido comenzó a las 15:30) mientras las casi 25000 almas que había en el estadio nos cocinábamos a fuego lento ya que desde el campo de juego no llegaba ninguna emoción que mereciera ser destacada.

La segunda parte puede dividirse en dos: una parte que fue la continuación del primer tiempo hasta que llegó el impensado gol de Julio García para el local a los 20 minutos pero 120 segundos después, Raúl Saavedra despachó un zurdazo desde fuera del área algo mordido pero increíblemente el arquero Luis Quiñones se complicó solo y la bocha se le escurrió entre las manos para entrar mansamente en el arco del ciruja y poner el 1-1.

Si con dos goles en tres minutos ya nos podíamos dar por satisfechos, lo que siguió al toque justificó el calor, la sed, el amontonamiento (perdón, soy hombre de platea ya que me gusta poder seguir las alternativas de un partido tranquilo para poder analizarlas correctamente…) y el chuparse un par de horas bajo el rayo del sol de un cálido domingo tucumano… Todo eso si sos hincha del deca, of course…

Mauro Amato decreta la victoria del deca en el descuento.

Apenas tres minutos después del empate vino el primer gol de Mauro Amato para la visita tras un rebote que dio Quiñones (de flojísima actuación esa tarde) para el 2-1 del equipo de 25 y Chile. la alegría no iba a durar demasiado ya que Walter Hueso Pereyra empato con una tremenda definición de emboquillada.

Iban apenas 32 minutos del segundo tiempo y en los últimos doce se habían marcado cuatro goles (dos los gritamos desaforadamente y en los otros dos volaron los insultos hacia Milton Pardal y la defensa) que nos habían hecho olvidar los 65 minutos de bodrio que nos habían ofrecido… Pero había tiempo para más aunque creyéramos que los veintidós protagonistas habían decidido bajar la persiana pese a las dos grandes chances que desperdició Atlético para meter el tercero...

Minuto 47, faltan 30 segundos para que expire el encuentro y nuevamente avanza Raúl Saavedra (había debutado en primera en el partido anterior) por la izquierda y tira un centro al corazón del área, Carlos Díaz le pifia al rechazo y detrás de él esperaba el balón Mauro Amato que solamente tuvo que elegir el lugar para ajusticiar a Luis Quiñones y desatar una fiesta interminable en la tribuna de la Bolívar…

Ese preciso instante nos abrazamos con Félix y el Berny, nos olvidamos de las muletas porque una la levantó al aire y la otra quedó tirada por ahí mientras la perrada nos hacía bajar los escalones de la tribuna a una velocidad infernal pero protegimos al doctor y este sobrevivió a la avalancha sin un rasguño. Más tarde nos fuimos por Pellegrini hacia la Mate de Luna con una felicidad que no cabía en nuestro cuerpo ya que desde 1986 que el deca no ganaba en la cancha del santo.

Fue una jornada increíble para ambas hinchadas ya que la parcialidad local no entendía como se le pudo escapar el partido en la última pelota mientras que para nosotros todo era felicidad y alegría ya que creíamos que el equipo se iba con un empate pero Mauro Amato decidió cambiar la historia…

Fotos: gentileza diario La Gaceta

Gonzalo Ferrer

Periodista tucumano viviendo en Rosario. D10S, Ferrari, Queen, el Pato, el Matador y Su Majestad en el orden que quieras. Rock, mucho rock.

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