El legado.

El millonario marcha inexorablemente al título número 36 de su riquísima historia. Y este fin de semana se puede coronar si se dan un par de resultados. Marcelo Gallardo recuperó y potenció lo mejor de la mística riverplatense para transformarlo en un monstruo internacional y ahora va por su penúltima deuda. Labruna debe estar aplaudiendo desde el cielo.

No soy hincha del conjunto de Nuñez (la relación que me une al millo la expliqué acá) pero intentar minimizar sus logros es una tarea tan ardua como inútil a la cual no pienso prenderme porque simplemente disiento sobre ello. Vi muchos conjuntos de Núñez campeones pero ninguno alegraron tanto mis sentidos como éste dirigido por Marcelo Daniel Gallardo y el inolvidable equipo del Feo Labruna de 1975 a 1981. El famoso River del contragolpe ofensivo de Héctor Rodolfo Veira fue un gran equipo al igual que el de Ramón Díaz (el ganador de la triple corona) en los 90 pero no me terminaban de enamorar pese a que ganaron todo ya que si bien el equipo de Ramón no renegaba de sus raíces históricas le faltaba algo mientras que el River del Bambino logró algo maravilloso: que la gente puteé en la cancha y en cuanta ocasión hubiera porque había arriado las históricas banderas del buen juego (como un no muy asiduo concurrente a la Belgrano baja con mi abuelo doy fe respecto al paladar del hincha del millo) lo cual no era del todo cierto pero que habla de las exigencias del hincha quienes se quejaban de la forma de jugar de un equipo que había salido ¡campeón del mundo! El paladar negro de sus seguidores y su filosofía de juego bien merecen un estudio sociológico ya que nunca terminé de digerir el encono hacia el River de Veira hace treinta y cuatro años atrás…

Siempre se le atribuyó a la entidad de Nuñez cierta endeblez mental para sobreponerse a momentos pesados como ocurrió cuando perdió de manera increíble la final de la Copa Libertadores de 1966 que los llevó a ganarse, obviamente, el mote de gallinas (o gayinas para que suene más futbolero) porque no habían podido sostener el resultado frente a Peñarol (ganaba River 2-0 y lo perdió 4-2 en el suplementario) cuando parecía que la obtención de esa Libertadores era un hecho. Esto ocurrió durante ese tiempo que fue un agujero negro abarcando de 1957 a 1975 sin ningún tipo de títulos. Luego vino Angelito Labruna (un enorme técnico al que conocí personalmente cuando era un niño) para cortar esa sequía con la obtención de los Metropolitano y Nacional de 1975 y perder nuevamente de manera increíble y en la misma cancha, el estadio Nacional de Santiago de Chile, otra final de Copa Libertadores frente al Cruzeiro (jamás me olvidé el gol que le metió Nelinho al Pato Fillol en el primer partido jugado en Belo Horizonte) en un encuentro que no jugaron Fillol por estar lesionado y Roberto Perfumo y JJ López por ser expulsados en la revancha jugada en el Monumental. Encima Boca gana las dos siguientes ediciones con el equipo dirigido por Juan Carlos Lorenzo (como corrían esos muchachos…) con un equipo que era muy rústico y no tenía ni la plasticidad ni la gracia del equipo del Feo que seguía cosechando títulos a nivel local. Ese River, posiblemente el mejor de la historia por un tiempito más, jugaba de una manera que deleitaba a cualquier persona que ame el fútbol y que por esos imponderables que tiene este juego no pudo cortar con la maldición de gayinas pero su legado continúa hasta el día de hoy.

Y justamente el legado lo tomó Marcelo Gallardo, un hombre de la casa que se hizo futbolísticamente con Daniel Passarella y con el Pelado Díaz, quien se hizo cargo del primer equipo con una idea muy clara: volver a las raíces porque en ese momento River venía de atravesar el periodo más traumático de su historia, el descenso que ocurrió en el 2011 y que lo trajo de nuevo a primera en el 2012 y de allí empezó a reacomodarse a la élite del balonpié argento a través del título logrado por Ramón Ángel Díaz en el Torneo Final 2014. La única experiencia de Gallardo como entrenador había sido en Nacional de Uruguay y en esos momentos estaba siendo sondeado por Newells para hacerse cargo del primer equipo cuando recibió un llamado inesperado desde Nuñez para ser el DT del millo. El resto es historia y si Boca no le gana a Colón y River suma ante Defensa y Justicia los tres puntos agregará una nueva página a su impresionante palmarés quedándole solamente como objetivo a cumplir el Mundial de Clubes mientras Angelito mira y aplaude feliz desde el cielo porque su memoria está más viva que nunca…

Foto: gentileza River Plate

Gonzalo Ferrer

Periodista, ex rugbier. D10S, Ferrari, Queen y Su Majestad en ese orden. Rock, literatura, cine. Entusiasta de casi todo deporte que se juegue con una pelota. Nieto de quien armó el plan para ganar México 86.

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