El rugido no llegó ni a maullido

En este momento siento impotencia, bronca y dolor mientras golpeo fuertemente el teclado de la notebook al escribir estas amargas líneas sobre el fracaso y el colapso del rugby argentino en el 2019 ya que, desde mi modesto punto de vista, las cosas no pueden seguir así y ya es hora que la dirigencia tome el toro por las astas porque si no este retroceso evidenciado de manera tan brutal que nos llevó al mismo punto que el mundial 95 (tras ese golpe se decidió separar a la UAR para que maneje a Los Pumas y a todo el rugby argentino y fruto de eso se crea la URBA para que se ocupe del rugby porteño) se va a acentuar y los seleccionados argentinos se volverán a conformar con ganarles a Uruguay y a Chile y de vez en cuando arañar un buen resultado con alguna de las potencias.

El primer error es dirigencial por cambiar de caballo a mitad del río, esto significa que jamás se debió haber ido Daniel Huevo Hourcade de la conducción del equipo nacional en el 2018 cuando faltaba poco más de un año para este mundial de Japón ya que estás decisiones se toman con tiempo y si no lo querían más al entrenador deberían haber esperado a que pase el certamen y recién ahí traer un nuevo coach pero parece que nuestros dirigentes tienen la cabeza en otro lado…
Encima eligen a Mario Ledema (un gran hooker en su juventud) a quien no le da el piné para ser el head coach de este plantel porque aún está muy verde para ser el entrenador, es el mismo error que se cometió con Santiago Phelan cuando lo designaron en el 2008 luego de la partida de Marcelo Loffreda. Ledesma no llevó un octavo natural como Facundo Isa (yo no le voy a enseñar a Marito sobre la importancia del 8, 9 y 10 del equipo, lo debe saber mejor que yo…) y en pleno mundial borra a Nicolás Sánchez (acá dejo una pista: https://www.masdeportes.com.ar/2019/09/a-rugir-en-osaka.html) para darle lugar a Benjamín Urdapilleta que tiene menos tackle que yo cuando intentaba jugar y a Ramiro Moyano mientras manda al banco a Agustín Creevy en un partido que lo debería haber encarado con gente de experiencia (el otro día puse esto al respecto: https://www.masdeportes.com.ar/2019/10/habra-rugido-japones.html y salió calcado, es como si Marty Mc Fly me hubiese prestado el De Lorean para ver el partido y luego viajé al pasado para escribir la nota…) siendo esto otro error notable del entrenador ya que no se hace limpieza de un plantel en pleno mundial. 
El partido duró exactamente diecisiete minutos hasta que el galés Nigel Owens decidió rajar al irresponsable de Tomás Lavanini (¿entre Pumas y Jaguares cuantas expulsiones y amarillas tiene en su carrera? En Los Pumas tiene el dudoso honor de ser el único expulsado en dos oportunidades) por un hombrazo en la cara del capitán inglés Farrell en una sanción sin discusión alguna ya que estuvo impecable el juez del encuentro. Esta acción derrumbó anímicamente al equipo ya que no pudo sobreponerse nunca al hecho de jugar con un hombre menos durante sesenta y tres minutos e Inglaterra reguló el partido de tal forma que, cuando consiguió el punto bonus al inicio del segundo tiempo, metió todos los cambios posibles y bajaron la intensidad del encuentro para guardar jugadores y energías para el crucial encuentro ante Francia con quienes dirimirán el primer puesto del grupo C. Ni siquiera el mundial 2003 fue tan nefasto porque Argentina no clasificó a cuartos por apenas un punto frente a Irlanda y jugando bastante bien, por eso la situación la comparo con Sudáfrica 95 porque significó un punto inflexión como tendría que serlo Japón 2019 para una dirigencia sensata que debe definir el entrenador y además hay que hacer algo con Jaguares ya que juegan de una manera distinta a Los Pumas siendo prácticamente los mismos jugadores y deberían converger en un estilo de juego único. Los europeos que se destaquen tienen que tener la posibilidad de ser convocados (hola Juan Imhoff) para enriquecer al plantel.
Para nuestro seleccionado pasó un mundial más que debe considerárselo un auténtico fracaso pero que nos deja la enseñanza enorme sobre los errores cometidos por el entrenador y su staff  y por la dirigencia que en este momento ya tiene que estar trabajando en esta crisis porque la ventana de junio y el el Rugby Championship del año próximo están a la vuelta de la esquina. Desde aquí anhelamos que los dirigentes analicen correctamente los hechos y tomen las medidas correspondientes sin que les tiemble el pulso porque si no este fracaso hará colapsar al rugby argentino mandándolo a la prehistoria.

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