Está permitido soñar.

En unas horas más la selección argentina de básquet va a jugar la tercera final mundialista de su historia ante España en el estadio Wukesong Arena de Pekín (Beijing le dicen los angloparlantes) para terminar esta aventura que nos volvió locos, nos enamoró y nos obligó a buscar los resultados de las formas más insólitas a todos a partir del talento y liderazgo del inoxidable Luis Scola dentro de la cancha, quien con treinta y nueve jóvenes años, enseñó el camino al resto del plantel y Sergio Oveja Hernández fuera de ella pero planificando absolutamente todo y no dando nuca puntada sin hilo.
¿Me da miedo España? Es exactamente el mismo miedo o respeto que ellos le tienen a nuestro equipo porque juegan bien, son duros físicamente y tienen variantes tácticas. Y ahí se terminó el temor ya que la defensa argenta es prácticamente inexpugnable, ejerce presión en todo momento para que se equivoque el rival (hola Polonia, hola Serbia, hola Francia) y así recuperar pelotas para salir de contra a la velocidad de la luz e ir encestando sin pausa pero sin prisa, además cuenta con un alto porcentaje de triples (no contabilizo los que se morfan en la concentración sino los que entran en el aro) y con unos rendimientos individuales altísimos que suman y ayudan al juego colectivo.
Siempre dije que nuestro país en los deportes de conjunto es de temer cuando se hacen bien las cosas y este seleccionado vuelve a confirmar esa teoría. Cuando muchos teníamos miedo al día después del retiro de la Generación Dorada para nuestro básquet (no olvidemos que fue una camada extraordinaria de jugadores y por eso el miedo de caernos a un abismo), apareció el Oveja y con la paciencia y el trabajo de un orfebre talló a gusto y piacere a un plantel que se convirtió en un boxeador como Muhammad Alí ya que te demuele con constancia y sin pausa hasta desgastarte.
Tengo muchísima fe en este equipo a partir de los puntos fuertes que enuncié pero les tengo más fe aún porque ponerse la camiseta argentina les da un plus de energía mayor  y defenderla para llevarla a lo más alto sin titubear es un honor al que muy pocos pueden acceder. Que este grupo termine festejando porque se lo merece como pocos. ¡Salud!