Gallo a la naranja

Se cumplieron 28 años de la máxima hazaña del rugby tucumano en su historia, el triunfo frente a Francia en un encuentro jugado en el Monumental José Fierro de la capital tucumana por 25-23. El cambio de estrategia y las palabras de Pierre Berbizier.

La noche del 23 de junio de 1992 fue fría y lluviosa en San Miguel de Tucumán pero me esperaba, al igual que a miles de tucumanos, una cita impostergable: ver a la naranja nuevamente ya que recibía nuevamente al poderoso seleccionado francés. Arranco para la cancha del deca con mi primo Berny y antes de entrar me junto con los chicos del club. Por alguna extraña razón esa noche fuimos a la tribuna que da sobre calle Bolivia (sólo fui cuatro veces en mi vida a esa tribuna y todas fueron para ver rugby: en 1988, 1990, 1991 y esta siguiendo a Tucumán frente al seleccionado Maorí, Inglaterra, los All Blacks y Francia) y quedamos debajo de la hache. Claro que nadie sabía que ibamos a ser espectadores de lujo por la posición en que nos encontrábamos. Stop.

Para ubicar esta hazaña en contexto dejame decirte que es comparable a una gira de la selección de fútbol de Alemania por Sudamérica que pide hacer algunos partidos contra seleccionados provinciales. Debe jugar contra Rosario (deben ser jugadores actuales de los clubes rosarinos) y estos le ganan en el último minuto. ¿Claro? ¿Entramos en contexto? ¿Todavía no? Ahí te paso más data. Pierre Berbizier fue un tremendo medio scrum que brilló en la selección francesa desde mediados de los 80 y le tocó jugar frente a Tucumán el 7 de junio de 1988 (ya te contaré en otro posteo sobre ese partido) en un partido que también se jugó en la cancha de Atlético Tucumán y que empataron en 18. El clima adverso de esa noche no se lo olvidó más el bueno de Pierre.

Cuando asume como coach de Francia tras el mundial 91 y le surge la posibilidad de esta gira por Argentina pide encarecidamente a los dirigentes de la Unión Francesa de Rugby que incluyan un nuevo encuentro con los naranjas porque sostenía que los jugadores que pasen la prueba emocional de jugar contra Tucumán estaban preparados para jugar en su seleccionado. ¿Ahora está claro?

Play. El frío y la garúa constante de esa noche fueron terribles y por ello es que había algunos claros en el Monumental (no, a los tucumanos definitivamente no les gusta el frío) y todo ello le dio un marco adicional a la hazaña que estaba por concretarse frente a nuestras narices. El primer tiempo fue terrible porque no le salió una sola cosa de las planificadas al seleccionado tucumano y se fue perdiendo por 23-3 siendo un equipo aturdido, desconcertado y desconcentrado por el dominio visitante.

Los entrenadores del equipo, el querido Mocho Gabriel Palou, el Pavo Juan Carlos López y el Mono Nicolás Rizzo decidieron cambiar la estrategia y los forwards comenzaron a cerrar el juego, la obtención fue más nítida (en el segundo tiempo le dieron una clase de scrum a Francia) mientras que el ruck y el maul lentamente hicieron retroceder a los franceses. Y así fueron llegando los puntos que achicaron el marcador. Ah, en esta segunda parte les Bleus apenas pudieron pasar la mitad de cancha en un par de oportunidades. Hasta que llegó el try del Cheto José Santamarina que dio vuelta todo ya que la naranja quedó a un pasito porque los franceses sintieron el impacto de ese try y aún restaban varios minutos para intentar la heroica. El inmenso Santiago Mesón mejoró notablemente su puntería (es de los mejores pateadores que vi en mi vida) y las distancias se achicaron considerablemente. Y llegó el último penal para que Mesón sentencie el partido y se desate una ola de locuras y festejos interminables por toda la ciudad. Un auténtico carnaval tucumano como siempre sucedía cuando jugaba la naranja.

Toda la acción de este segundo tiempo estuvo a metros míos por la ubicación en la cancha y créeme cuando te digo que el estadio explotó en el momento que Santiago Mesón metió el último penal. Pasaron veintiocho años de esa noche inolvidable y solamente puedo decir gracias a todos los protagonistas de ese increíble y heroico encuentro en el que Tucumán se ganó definitivamente la admiración de todo el mundo.

La foto me la pasó uno de los entrenadores (el Pavo Juan Carlos López, un tipazo que me conoce desde que tengo seis años cuando caí en Los Tarcos de la mano de mi tío Quique) de aquel equipo y están festejando de izquierda a derecha Gabriel Palou (QEPD), Juan Carlos López y Nicolás Rizzo.

Gonzalo Ferrer

Periodista, ex rugbier. D10S, Ferrari, Queen, el Pato y Su Majestad en cualquier orden. Rock, literatura, cine. Entusiasta de casi todo deporte que se juegue con una pelota. Nieto de quien armó el plan para ganar México 86.