Historias de radio: la batalla de Tucumán…

El poderoso seleccionado tucumano de rugby se enfrentaba a Sudáfrica en 1993 en medio de una de las primeras giras que hicieron los Springboks tras el fin del apartheid. Lo sucedido en la cancha de Atlético Tucumán fue una batalla campal

Entre mediados de los 80 y los 90, Tucumán dominó el rugby argentino con puño de hierro ya que se le plantó a la poderosa Buenos Aires de aquel momento ( la actual URBA aún no existía y la Unión Argentina de Rugby manejaba el rugby de Buenos Aires y por eso hacía lo que quería con la ovalada vernácula) haciéndole notar que el rugby argentino no terminaba en el conurbano bonaerense sino que en las provincias había seleccionados de nivel para enfrentar a la hegemonía que detentaba hasta ese momento el rugby porteño.

El estilo del seleccionado naranja a grandes rasgos siempre fue el mismo: juego cerrado para avanzar con el maul, abrir unas pocas pelotas por partido para sus temibles y rapidísimos backs, tackle a destajo por parte de todos y tener disponible a un gran pateador (Santiago Mesón fue superior a Hugo Porta en los envíos a los palos además de ser un jugador polifuncional dueño de un tackle temible) para capitalizar la cantidad de penales a su favor que generaba por partido.

En aquella época las potencias que visitaban el país solamente se interesaban por unos pocos partidos de la gira: ante unos irregulares Pumas por ser el seleccionado nacional y frente al seleccionado norteño. ¿Por qué esto era así? Porque el rendimiento de los tucumanos jugando de local pegaba un enorme salto cualitativo en actitud e intensidad en el juego ya que era apoyado por una eufórica muchedumbre desde los cuatro costados del campo de juego y la cancha del deca se transformaba en una olla a presión difícil de soportar. Para enfrentar a los tucumanos en su reducto y vencerlos había que tener temple, mucho temple.

Estuve en tres partidos de esa gira de los sudafricanos ya que luego de este encuentro viajé a Buenos Aires a laburar de nieto y a cubrir los dos tests-matches con Los Pumas jugados en el estadio de Ferro Carril Oeste (esa cancha tiene una vista extraordinaria para el público desde cualquier ángulo) para la radio en la cual trabajaba en ese momento (FM Centro ya que temporalmente me había ido de LV12) pero ya escribiré sobre eso en estos días porque esa odisea merece un posteo aparte.

Este encuentro en la cancha de Atlético fue medio raro en cuanto a la asistencia de público ya que cuando jugaba la naranja lo hacía a cancha llena (y en más de una ocasión había más gente de la permitida, una locura para lo que era el rugby en aquel tiempo) como sucedió frente a Francia en 1988 (en el partido del 92 hubo poca gente por el frío y la lluvia), Inglaterra en 1990, All Blacks en 1991 ya que en esos partidos la cancha reventaba de espectadores pero en este caso el estadio debe haber estado colmado en un 80 por ciento al comienzo del partido pero a último momento ingresaron unas tres mil personas más…

El tenso clima dentro del campo de juego podía cortarse con un cuchillo ni bien arrancó el partido ya que en el primer scrum se armó una batahola terrible que no solamente involucró a los primeras líneas sino también al resto de los forwards de ambos equipos.

El hecho ocurrió porque el pack sudafricano entraba antes en el scrum lo cual irritaba a los tucumanos. En la acción siguiente hubo otro round en el que estuvieron involucrados los treinta protagonistas pero lamentablemente no se calmaron allí ninguno de los equipos ya que hubo dos grescas más antes del fin del primer tiempo que terminó con los dos pilares derechos expulsados: Luis Tumba Molina por los locales y Keith Andrew. Vi muchos partidos ásperos a lo largo de mi vida pero como lo que vi esa noche no lo vi nunca ya que Sudáfrica quiso intimidar físicamente a Tucumán pero ésta no reculó y respondió poniéndole más pimienta al partido… Claro que para el desarrollo del partido eso fue un error ya que no hay como Sudáfrica para jugar sucio

La segunda parte fue un despropósito total ya que el campo de juego estuvo invadido en todo momento, el árbitro Efraín Sklar decidió hacer justicia por mano propia (esto es porque Sudáfrica se quejó del arbitraje del tucumano Paul Bleckwedel en el partido frente a Buenos Aires porque consideraron que favoreció al combinado porteño) ya que les permitió a los sudafricanos jugar en offside permanentemente mientras que todos los fallos eran a su favor y también por los dos nuevos expulsados: los segundas líneas Pablo Buabse y Straidon y permanentemente todos los fallos eran a su favor…

El resultado final fue 40-12 pero hubo una situación que no la notó casi nadie en ese momento y fue más allá del eventual resultado porque fuimos testigos, sin saberlo, del nacimiento del equipo campeón del mundo 1995 ya que esa noche del 2 de noviembre de 1993 encontraron el camino que los llevaría a levantar la Copa Webb Ellis un par de años después.

En esa cálida noche tucumana afloraron el temple y el coraje necesarios que le faltaba al plantel dirigido por Ian McIntosh para dar el salto definitivo y ser una de las potencias a nivel mundial ya que este partido fue la piedra angular en la cual se construyó el poderío de los boks ya que hasta ese momento Sudáfrica era un equipo lleno de dudas pero la metamorfosis sufrida en el Jardín de la República cambió para siempre a un país y tuve el privilegio de presenciarlo en vivo y en directo…

Gonzalo Ferrer

Periodista, ex rugbier. D10S, Ferrari, Queen y Su Majestad en ese orden. Rock, literatura, cine. Entusiasta de casi todo deporte que se juegue con una pelota. Nieto de quien armó el plan para ganar México 86.