La última epopeya, parte 3

Luego de dar el batacazo frente a Brasil, la Argentina debía enfrentar a Yugoslavia por los cuartos de final y ese encuentro puso a Goyco en lugar destacado al ser la figura del encuentro y atajar dos envíos seguidos en la definición por penales para clasificar a semis adonde esperaba Italia. Los tanos tenían toda la fiesta armada pero el partido se jugó en la casa de D10S, el estadio San Paolo de Nápoles. Fue el mejor partido de Argentina en el mundial pero el triunfo dejó un saldo de tres jugadores indiscutidos afuera para la final.

Argentina 78 fue el mundial que ganaron mis ídolos de la niñez (el Pato Fillol y el Matador Mario Alberto Kempes), España 82 una gran decepción para mis 15 años salvo que me regalaron el mejor partido de fútbol que vi en mi vida (Alemania-Francia en semifinales, ganaron los alemanes por penales), México 86 me llenó de orgullo tardío por todo lo que hizo mi abuelo para que ese equipo se adapte correctamente a jugar en la altura pero Italia 90 fue mi mundial ya que es el que más disfruté como hincha porque el andar del equipo parecía salido de alguna leyenda medieval en la cual un caballero venido a menos, pobre y andrajoso, logra colarse en el banquete de asunción del rey tras vencer a su némesis en desigual combate.

Las razones son variadas y diversas y abarcan desde lo emotivo por la pegadiza canción Un’ estate italiana (Un verano italiano) cantada por Gianna Nannini y Edoardo Benatto (¿a quién no se le puso la piel de gallina al escucharla? Y eso que sólo escucho rock y sus infinitas Variantes. Investigando para este mundial descubrí que Gianna es una artista sin desperdicio, te la recomiendo fervientemente) hasta el reconocimiento social que hubo con esa selección ya que fueron recibidos como héroes pasando por la cantidad de inconvenientes y contratiempos variopintos que debieron superar durante ese interminable mes.

Hasta el partido con Brasil no había despertado casi nada esta selección salvo críticas de todo tipo por el paupérrimo nivel de juego demostrado pero allí se produjo un quiebre mental porque fue un equipo que no llegaba en su mejor momento y con múltiples problemas pero que nunca negoció sacrificio y entrega para salir adelante. Esa fue la enseñanza más valiosa que dejó el extenuante encuentro frente al gigante sudamericano al cual no se había podido vencer nunca en mundiales. Y a eso no lo cambio por nada.

Luego de ese definitorio encuentro frente a los herederos de Pelé uno podía pensar que la misión estaba cumplida para esta selección pero estamos hablando (o mejor dicho, escribiendo) del campeón del mundo vigente que andaba a los tumbos por la península itálica pero que de repente se llenó de energía. Jugó muy mal frente a Yugoslavia (encontrar una llegada al arco de Tomislav Ivkovic es casi imposible) y recién tuvo chances de definir el encuentro en la tanda de penales que marcó tres cosas: el reconocimiento masivo que tuvo Sergio Goycochea (hasta ese momento no era considerado un gran atajador de penales) por su intervención en la serie de penales, verlo a Diego errar un penal y que este equipo estaba dispuesto a sobreponerse a cualquier circunstancia…

D10S se lamenta por el penal que le atajó Ivkovic en la definición. En un rato Goyco arreglaría este embrollo.

Esperaba Italia en Nápoles para dirimir una de las semifinales de este campeonato y te aseguro que no había mejor escenario que el estadio San Paolo, la casa de D10S, para tener chances de igualar el partido. Diego fue muy hábil para fogonear las terribles diferencias que hay entre el Norte rico de Italia y el sur pobre y así lograr que al menos la selección no fuese silbada en todo momento y que no se sienta incómoda. Imaginemos por un segundo si este partido se jugaba en Milán o Roma…

El soberbio Walter Zenga llegó a este partido con su valla invicta y dispuesto a romper la marca que ostentaba el legendario Sepp Maier para ser el arquero récord de de los mundiales. Eran necesarios sumar apenas 25 minutos más sin que las huestes de D10S logren marcar un gol.

El otro dato importante es que era el quinto partido seguido entre argentinos e italianos en un mundial. Esta saga arrancó en Alemania 74 y pasó por los mundiales del 78, 82 y 86 hasta llegar aquí. Al igual que frente a Brasil nuestra selección nunca le pudo ganar a Italia en un mundial.

Corner en el primer tiempo en el que participan Ruggeri, Caniggia, Zenga y Ferri. Un rato más tarde se encontrarían de nuevo tres de ellos…

Fue por escándalo el mejor partido de Argentina en ese campeonato y mereció ganarlo en los 90 ya que le dio una paliza táctica a una confundida Italia que solamente resistió por un permisivo árbitro Michel Vautrot que cobró todas las divididas a favor de los italianos y dio por válido el gol de Salvatore Totó Schillaci cuando el tipo pescó un rebote de Goyco un metro adelantado como mínimo, pero no nos adelantemos…

Esta Italia quiso encarar ese mundial de una manera en que no sabía hacerlo: tratando pulcramente el balón y buscando el arco de enfrente pero en aquella época aún seguían (y siguen en la actualidad) enamorados del catenaccio con el que Enzo Bearzot había ganado en España 82 con un Paolo Rossi brillante y desde ya que Totó no era Paolo. Argentina pudo repetir el equipo por segunda vez consecutiva y se notó la diferencia ya que era el tercer partido casi con el mismo equipo (solamente hubo dos cambios respecto a Brasil) y eso jugó a favor para plantearle el partido a cara ‘i perro a los tanos.

Caniggia ya primereó a Riccardo Ferri y peinó la pelota para dejar en ridículo a Walter Zenga que tuvo una salida a destiempo y espantosa.

No fue un partido brillante desde lo estético aunque sí muy disputado y en el cual argentina gozó de las mejores chances para ganarlo. La ayudita del pito en el gol de Salvatore Schillaci (ni el referí ni su lineman lo vieron adelantado un metro como mínimo y no había quien les obstaculice la visión) fue escandalosa pero como Argentina jugaba bien y tenía el partido controlado nadie se quejó.

Otro ángulo para la misma acción, Zenga queda totalmente descolocado por la peinada del Cani

Tuvieron que pasar cincuenta minutos para que Diego le abra la pelota al Vasco Olarticoechea quien hace la pausa y mete un centro al vértice derecho del área chica y aparece como un fantasma Claudio Paul Caniggia para peinar la bocha mientras Zenga salía horriblemente mal y quedaba desairado mientras la Etrusco Unico viajaba a besar a la red. En este relato fui un poco injusto con el querido Vasco ya que el tipo para la pelota, hace la pausa, espera que alguien pique y le mete un pase a la cabeza con grandísima precisión que caiga por delante de Ferri y de Zenga al Hijo del viento para que pueda colarse y empatar el trámite.

D10S grita el empate argentino que acaba de convertir su amigo Claudio Caniggia. Unos meses después vendría la vendetta

Si los tanos ya estaban confundidos desde el momento que se enteraron que salía Roberto Baggio para darle lugar a Gianluca Vialli (plantear este partido sin Baggio de titular fue suicida, nosotros te lo agradecemos eternamente Aziglio) con el partido empatado la cosas fueron de mal en peor para ellos. Y si don Vautrot se hizo el gil para rajarlo al Gringo Giusti (lo iba a amonestar por una mano pero Diego le recordó que si lo hacía debería echarlo y el francés guardó la tarjeta en el bolsillo, más tarde tendría revancha) un rato más tarde comenzaría a enmendar sus errores y a desmantelar a la Argentina de cara a la final porque en el estadio ya flotaba la sensación sobre quien ganaría…

Goycochea vuela hacia su izquierda y ataja el remate de Roberto Donadoni. La gloria llegaría en un ratito…

A los 76 amarilla a Olarticoechea que lo saca de la final, a los 82 mismo procedimiento con Caniggia y en el suplementario le tocó nuevamente el tratamiento a Ricardo Giusti que lo manda a las duchas. En sólo veinte minutos Vautrot desmanteló al equipo argentino… El hecho más destacado del suplementario (además de la expulsión de Giusti, of course) fue que insólitamente el primer tiempo se extendió 23 minutos porque se le paró el reloj al árbitro hasta que le avisaron. Menos mal que no pasó nada…

Y llegaron los penales. Argentina fue a la definición más convencida que los italianos y Sergio Goycochea se transformó en ídolo popular al contener los remates de Roberto Donadoni y Aldo Serena. Hasta ahí todo bien y contado de forma correcta. Fue apoteótico ver a Goyco correr de manera desaforada hasta la mitad de la cancha festejando cuando la pelota quedó quieta detrás de su cuerpo tras el disparo de Serena para abrazarse a sus compañeros y festejar mientras el estadio estaba enmudecido de dolor (los napolitanos fueron muy respetuosos de nuestra selección y no la silbaron) y no terminaba de comprender como ese equipo desvencijado los privó de ganar el título nuevamente en casa como ocurrió en el mundial 34…

Argentina iba por el sueño de ganar su tercer mundial tras eliminar al gran candidato (Brasil) y al dueño de casa (Italia) pero su partido final no sería frente a Alemania sino a Edgardo Codesal Cobremal…

Gonzalo Ferrer

Periodista tucumano viviendo en Rosario. D10S, Ferrari, Queen, el Pato, el Matador y Su Majestad en el orden que quieras. Rock, mucho rock.

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