Mi abuelo, México 86 y yo. Parte I.

¿Tenés más de cuarenta años y gritaste los goles y las corridas  de Diego por todas las canchas aztecas? ¿Tenés menos de cuarenta pero siempre te hablaron de las hazañas del equipo del doctor Carlos Bilardo en tierras mexicanas? ¿Hiciste mucha fuerza para que Briegel no lo alcance y lo tire contra los carteles de atrás del arco a Burru en la corrida previa al tercer gol contra Alemania en la final? ¿Te maravillaste con la extraordinaria definición en el gol de Diego a Italia cuando la selección iba perdiendo injustamente? ¿Abriste bien grande los ojos con el segundo gol de D10S a Inglaterra? ¿ Se te paralizó el corazón cuando el Vasco Olarticoechea salvó con un nucazo en la línea del arco el casi seguro gol de Lineker? ¿Cabeceaste junto con el Tata Brown el centro de Burruchaga contra los alemanes? ¿Hiciste fuerza para que Valdano no se ahogue cuando definió frente a Schumacher después de correr más de ochenta metros desde la altura de su propia área?  ¿O simplemente considerás que la obtención de este mundial es uno de los mayores logros del deporte argento? Si te identificás con alguna de estas opciones, entonces este posteo es para vos y sino también porque te va a servir para que conozcas a una persona que, desde sus conocimientos médicos pero amante del perfil bajo, fue el culpable fundamental para que al mejor jugador de la historia y a sus secuaces no les falte el aire en la altura mexicana a la hora de tomar decisiones dentro de la cancha y por eso pudieron dar la vuelta olímpica en el estadio Azteca en la tarde del 29 de junio de 1986.
Esa persona es mi abuelo materno pero me resisto a mencionarlo en tiempo pasado aunque ya nos dejó hace veinte años, el profesor doctor Bernardo Benigno Lozada Vallejo o simplemente Nano para todos nosotros, destacado médico cardiólogo que entre sus muchos logros profesionales fue presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología a fines de la década del 50, uno de los pioneros en el uso de los marcapasos en nuestro país, titular de la cátedra de Medicina del deporte de la UBA y además introdujo una incipiente actividad que recién estaba dando sus primeros pasos a fines de los años 60: la medicina deportiva que nos va a llevar derechito a México 86.
Dentro de esta especialidad se enfocó en la incidencia de la altura geográfica sobre el cuerpo humano en una actividad deportiva. Fue un gran nadador y también colaboró con la fundación de dos clubes de rugby importantes de nuestro país en los años 40: Cardenales Rugby Club en Tucumán y luego el San Isidro Club o SIC a secas. También es culpable que me gusten tanto los deportes ya que siempre me llevaba a la cancha a ver a su amado River Plate (tuve la suerte de ver el mejor equipo de la historia del club, el del Feo Labruna en los 70 y conocí al Pato Fillol, a Passarella, Pinino Más, Leopoldo Luque, Norberto Alonso y J J López entre otros cracks) y mientras veíamos los partidos, me explicaba táctica y estrategia que mucha gente no veía y que fueron parte fundamental de mi aprendizaje futbolero. También es culpable de que yo esté sentado escribiendo ahora ya que cada visita que hacía a mi casa, y puedo asegurarles que eran muy seguidas por situaciones familiares complicadas, incluía toda la colección de El Gráfico que me los juntaba y guardaba con mucho esmero para que los lea.
En las vacaciones de invierno de 1981 fui a su hermoso departamento de Belgrano junto a uno de mis hermanos menores y me la pasé entre el consultorio de la avenida Monroe y el Centro Médico de Adidas en la avenida San Juan en el muy porteño barrio de Almagro donde era su director e iban la mayoría de los planteles del fútbol argentino a hacerse estudios (ya expliqué más arriba que conocía a todo el plantel de River) y durante esas mañanas frías de julio tuve conciencia de su trabajo. Por esa época (año más, año menos) me entero que tenía el cargo de médico honorario de las selecciones nacionales de fútbol especialista en altura pero yo no entendía nada del asunto aunque sabía que había asesorado a Boca Juniors y a Argentinos Juniors (en algún lado hay fotos de él con Maradona) con unos partidos en Bolivia, concretamente en La Paz en 1979 o 1980. Una vez vino de visita a Rosario y me contó que se iba a Bolivia con un seleccionado sub 20 a jugar el Sudamericano clasificatorio para el mundial de México 83. En ese equipo jugaban Luis Islas, el Monito Zárate y Fabián Basualdo entre otros. Clasificaron al Mundial de México y allí fue el doctor acompañando al equipo que dirigía Carlos Pachamé llegando a la final que perdieron 1-0 ante Brasil. Todo este trabajo serviría apenas tres años después para lograr una de las mayores hazañas del deporte argento en su rica y variada historia…

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