Una crónica loca del arzuagazo

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Se cumplen trece años de unos de los partidos raros que me tocó presenciar en mi vida ya que el 16 de septiembre de 2007 contra todos los pronósticos Rosario Central le ganó a Newells en el parque Independencia por 1-o con gol de Arzuaga. central llegaba último en el campeonato y llevaba catorce partidos sin ganar.

Uno de los placeres que me di apenas volví a vivir en Rosario fue el de concurrir a la cancha para ver a Rosario Central tal como lo hacía en adolescencia a principios de los años 80. Claro que el momento no era el adecuado ya que había comenzado el declive del club que desembocaría en el descenso del 2010 y el cual le insumiría tres largos años al canalla en regresar a su sitial en la máxima categoría. pero ocurrieron unos pocos hechos en este lapso que merecen ser destacados. Y este doparti frente a la lepra es uno de ellos.

El contexto en la previa del encuentro era para llorar: el equipo era dirigido por Carlos Ischia, no ganaba desde hacía catorce partidos por lo menos (en el campeonato aún no había logrado imponerse) y era una constante ver todos los fines de semana como se le escapaban puntos increíbles que poco a poco, y como si fuese una gotera persistente e interminable, comenzaron a horadar el promedio, el maldito promedio. Para peor era un equipo tirado en la cancha que no tenía respuestas futbolísticas ni anímicas para resolver ni un solteros contra casados

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Martín Arzuaga fue quien marcó el gol de la victoria de penal en el segundo tiempo.

Dudaba en ir a la cancha de Newells (ya te conté que allí hacíamos gimnasia con la escuela) ya que intuía una masacre futbolística desde la lógica más pura pero el fútbol es uno de los deportes que más sorprende y esta vez lo hizo nuevamente para derribar los prejuicios (y el miedo, digamos todo) que podía tener. Ese jueves o viernes venía con el auto por el boulevard Avellaneda y al llegar al semáforo de Génova pensé: si no veo una larga cola me bajo y compro la entrada.

Doblo por Génova mientras veo las boleterías vacías y ahí nomás, como si fuese un Michael Schumacher argento, tiro el auto contra la vereda y lo estaciono mientras otro automovilista me puteaba hasta en arameo porque no le avisé mi maniobra. Raro porque siempre usé los guiños y balizas hasta para ir al baño. Me asomo a la ventanilla extrañado por no ver gente y le pregunto al boletero si le quedaban populares. No solamente plateas en un codo me responde. Mientras trataba de pensar mentalmente cual carajo era la ubicación exacta (yo no iba a la cancha de Ñuls desde 1984, mucho antes que la remodelen) me veía pelando la billetera y garpando la dichosa platea.

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El festejo en el vestuario tras el partido.

Unos minutos antes que el match comience unos auxiliares del equipo local tiraron agua bendita en el arco que iba a ocupar Cristian Álvarez con la parcialidad auriazul a sus espaldas. Arrancaron bajo la lluvia y el partido fue parejo hasta que el trámite se comenzó a torcer a favor del canalla ya que el mediocampo comandado por el Kily González se impusieron a la mitad de la cancha del local.

A todo esto hay que mencionar el penal que le hizo Damián Ledesma al Pepi Zapata justo frente a mi posición en la platea. Fue una falta clarísima que Federico Beligoy no cobró. Central tuvo varias chances en los pies de Gonzalo Belloso y Gervasio Nuñez pero les faltó puntería para abrir el marcador. Hasta que comenzaron las emociones fuertes. Corner para Central y Gervasio Nuñez se resbala y tira la pelota a la popular de Newells mientras los hinchas de Ñuls y los de Central lo puteaban. Ese hecho le hizo saltar la cadena y le metió una tremenda plancha con los dos pies hacia adelante a Hernán Bernardello. Federico Beligoy le sacó, de manera muy atinada, roja directa. Esa fue la última acción de ese primer tiempo.

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Martín Arzuaga y el Kily González, goleador y capitán respectivamente.

En la segunda parte Newells repuntó un poco y salió más decidido a pelear el encuentro ya que habían jugado un flojo primer tiempo ante el último de la tabla. Y allí comenzó Cristian Álvarez a volar para todos lados ya que las balas picaban cada vez más cerca. Pese a esto Newells no lograba hacer valer el hombre de más que poseía y de a poco el canalla fue retomando el control del partido hasta que llegó la burrada de Lionel Vangioni que se comió a Martín Arzuaga y le cometió un penalazo por llegar a destiempo.

El colombiano se hizo cargo de ejecutar la pena máxima para poner el 1-0 merecido para el conjunto de Arroyito. Iban 28 minutos del segundo tiempo y la ansiedad nos invadió a todos los hinchas ya que esos casi veinte minutos que faltaban se hicieron eternos. 40 minutos, falta de Hernán Bernardello a Emiliano Papa frente a la platea techada. Cuando Emi se incorpora recibe un souvenir desde la platea, un encendedor y haciendo justicia por mano propia lo tira hacia la tribuna. Federico Beligoy lo echa y deja a Central con nueve hombres a falta de unos diez minutos con el descuento incluido. El canalla lo resistió sin pasar mayores sobresaltos y por ello lo terminó ganando con todo en contra.

Terminado el partido la gente de Central no se quería marchar para festejar todo ese domingo gris y lluvioso mientras que el público de Newells lo hizo rápidamente para no ver la fiesta que se había armado en la tribuna visitante. Luego de un rato en el cual cantamos y festejamos esos cinco mil-seis mil hinchas que desafiamos al tiempo y a la adversidad (para ser hincha del club rosarino hay que ser un optimista bárbaro, esto no es para cualquiera) emprendimos el regreso por calle Pueyrredón en medio de cantos y bailes improvisados. Creeme si te digo que al recordar esto se me esboza una sonrisa enorme en la cara ya que fue un momento inolvidable. Y agradezco que mi optimismo le hayan ganado a mis dudas para poder vivirlo en la cancha…

Fotos: gentileza Julio Franco Cosenza.

Gonzalo Ferrer

Periodista tucumano viviendo en Rosario. D10S, Ferrari, Queen, el Pato, el Matador y Su Majestad en el orden que quieras. Rock, mucho rock.

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